En los últimos años, lo que se ha dado a conocer como inteligencia emocional se ha convertido en un elemento decisivo a la hora de evaluar la capacidad directiva de un profesional, por delante incluso de su formación o de su experiencia laboral.
La inteligencia emocional hace referencia a aquellos aspectos individuales relacionados con el modo de interactuar de la persona con todo lo que le rodea; esto es, cualidades como: motivación, empatía, autocontrol, astucia social, etc.
El profesor norteamericano Daniel Coleman, en su libro Inteligencia Emocional, explica las razones por las que personas con un elevado coeficiente intelectual fracasan, tanto en el ámbito profesional como en el particular, mientras que otras, teniendo un coeficiente mucho más discreto, triunfan en todas las facetas de su vida.
Para él, la causa principal que lleva a esta situación, a primera vista contradictoria, es el bajo índice de inteligencia emocional en determinados profesionales. A partir de cierto nivel de responsabilidad no sólo es importante tener una buena formación técnica y ser brillante a nivel de razonamiento mental, además es importante saber transmitir y vender las ideas, saber conducirse en situaciones tensas y delicadas que impliquen negociación y, en definitiva, saber dirigir en la ambigüedad y en la indefinición.
Este razonamiento es compartido por multitud de empresas, las cuales han comenzado a considerar la inteligencia emocional de sus profesionales como un elemento determinante en los procesos de contratación y promoción que realizan.
En un estudio realizado en España se analizaron las competencias seleccionadas por las empresas, para definir y posteriormente evaluar el perfil directivo de alto potencial. Las compañías eligieron la metodología de Assessment Centre como herramienta de evaluación del potencial.
En todos los casos analizados el perfil de los participantes correspondía a profesionales en torno a los 30 ó 40 años, con formación superior y sólida experiencia laboral y nivel jerárquico de mando intermedio.
Del estudio se dedujo que existen una serie de competencias que aparecen sistemáticamente en todos los procesos de selección y evaluación, independientemente de la actividad o de los objetivos de la compañía.
Estas competencias, que podemos definir como comunes al perfil óptimo del directivo español, son las siguientes:
Autor: Por Vivian Acosta / Consultora Senior - NBS EUROMANAGER Visitanos en: www.emprendevision.com la comunidad hispana de emprendedores.cl |

























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