
El economista y escritor Jeremy Rifkin defendió en el Ágora una nueva revolución tecnológica inspirada en la redistribución de la energía.
Concebida como una entrevista de televisión, el periodista Manuel Campo Vidal formuló las preguntas al economista y escritor, en una sesión del Ágora que rozó el lleno.
“Las grandes revoluciones de la
humanidad han venido propiciadas por un cambio en el uso de las fuentes
de energía”, bajo este principio, Jeremy Rifkin explicó que el ser
humano pasó del paleolítico al neolítico gracias al uso de los animales
y cómo en el siglo XIX, el carbón y el vapor fueron determinantes para
construir una nueva realidad mundial. Ahora, con el agotamiento del
petróleo y el alza de precios, el economista habla de lo que podría
suponer la tercera revolución industrial. Una revolución que vendría
determinada por la descentralización de la distribución de la energía.
Según este planteamiento, cada uno de los edificios debería generar su
propia energía (mediante placas fotovoltaicas, biomasa, pequeños
aerogeneradores) para abastecer a las propias familias y exportar a la
red eléctrica.
Para comprenderlo mejor, Jeremy Rifkin
puso como ejemplo Internet. Un lugar que une a todo el planeta de forma
horizontal y no jerárquica. Casos como You Tube o Wikipedia demuestran
que se puede crear una fuente de conocimiento común a todo el planeta.
La revolución de Rifkin propone algo parecido. Las redes energéticas no
dependerían de grandes embalses y centrales, cada uno aportaría desde
su casa su granito de arena a la red, construyendo entre todos un nuevo
sistema energético global.
El científico puso como ejemplo de esta realidad el complejo tecnológico de Walqa en Huesca. Según sus palabras, el complejo es autosuficiente gracias a la energía de las renovables. Más recientemente, habló del techo de la planta de General Motors en Figueruelas. Cubierto con placas solares, genera la energía suficiente para alimentar a toda la fábrica. Para Rifkin, Aragón lidera a nivel mundial el desarrollo de este tipo de energía.
El economista aprovechó para denunciar el importantísimo papel que juega el metano en el calentamiento global. Un gas que proviene, en su mayoría, de la ganadería y que es la segunda causa del cambio
climático. Jeremy Rifkin argumentó que habría que cambiar de dieta porque se consume más carne de la necesaria y argumentó que habría que valorar a la carne por sus características dietéticas y no, por las culturales.
El acto sirvió para presentar un nuevo documento de la serie Palabras del Agua: “El agua y el futuro de las energías renovables” que firma el propio Rifkin.
























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